martes, 24 de junio de 2008

FELIPE SÁNCHEZ SIERRA (17-02-1943)


Nació en mayo de 1909 en Olleros de Sabero (León), el mayor de cinco hermanos algunos de los cuales nacen al otro lado del Atlántico pues con apenas dos años se embarca con sus padres rumbo a América. El deseo último de su padre de morir en España precipita el regreso de la familia aunque Felipe lo hará algunos años después para completar sus estudios.
En Madrid participa en la fundación del sindicato de Tintoreros y milita en el PCE desde su juventud (1.931) Su visión de una industria moderna y su lucha por conseguir las mejoras laborales de las que carecen los trabajadores forjan toda su trayectoria.

Hasta 1934 fue vocal de los Jurados Mixtos por la UGT.
Responsable del sector Este del Partido Comunista de Madrid y estuvo al frente de una cooperativa de alimentos (en la carretera de Aragón) que abastecía a varios comedores. Concejal del Ayuntamiento de Canillas y Secretario del Comité de Enlace de Canillas, Canillejas y Vicálvaro.
Algunos autores le citan dentro del grupo de Matilde Landa al frente del Comité provincial de Madrid al final de la guerra, como responsable de propaganda. (La relación pudo ser cierta dado que la que fue secretaria de Matilde, María Guerra Micó era su cuñada. Los hermanos de María fueron fusilados ambos el día 9 de Septiembre de 1939)
En septiembre del 37 es destinado a la Pagaduría de la 42 Brigada Mixta y hecho prisionero al acabar la Guerra, se le traslada al Campo de Concentración de El Pardo. Hasta mediados del año 42 permanece encarcelado en la Prisión Habilitada de las Comendadoras, donde ocupa su tiempo como maestro auxiliar de la prisión e imparte clases de inglés a otros reclusos.


Trasladado a la cárcel de Porlier es conducido ante el Consejo de Guerra en noviembre del 42 y condenado a muerte por un delito de Rebelión Militar, en el sumario nº 55.578. Parece ser que se llegó a preparar su fuga desde el exterior de la prisión. El 17 de Febrero de 1943 a las siete de la mañana es fusilado en el Cementerio del Este.
Tenía 33 años.

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Tarjeta desde la prisión de Comendadoras a su esposa.



Mi abuelo Felipe, no lo era antes de que empezase a buscarle. Era simplemente el padre de mi madre, el comienzo de una historia tremenda, a mí me lo parecía, que comenzaba a raíz de su muerte. Los recuerdos de mi madre eran muy escasos y yo quería saber más. Sabía cual había sido su final, teníamos la fecha, más o menos el lugar, pero faltaba buscar más datos y a ello me lancé, con toda la oposición y el miedo de mi madre. Hoy, cuando se acerca gente nueva a nuestro foro intento que entiendan desde el comienzo, que merece la pena, la merece muchísimo porque es tremendo pero gratificante y se llora mucho y te indignas cuando lees según que cosas, pero hay que hacerlo. Porque nuestros abuelos merecen que nos interesemos y que sepamos la verdad. Sembraron las causas, los expedientes, las cárceles, la memoria de los suyos, de mensajes que proclamaban su inocencia. También sembraron sus ideales. Os aseguro que no se pierde nada, muy al contrario.

Sus ojos eran profundamente azules, mi madre creció escuchando que la “pobrecilla” no los había sacado. Decían que su carácter era severo, que nadie podía molestarle cuando leía el periódico. “Era un mandón, pero muy bueno” – me contó Julia Manzanal.
Llenaba sus bolsillos de garbanzos torrados y escribía cuentos. Cuentos que hablaban de cosas que no era posible explicar a una niña de tres años. Seguramente esperaba que cuando tuviese edad de comprender, mi abuela le contaría lo que ocurrió. Pero no pudo ser, ella se fue tras él.
Moralidad a toda prueba”, “La mejor lección un ejemplo”, “Nadie se ha portado bien si ha perjudicado a otro” son algunas de las frases que se leen en sus cartas y que están siempre en mi, envolviendo su recuerdo.


Su hermano Víctor Sánchez Sierra falleció en la prisión de Comendadoras.

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