Luciano Castellano Carrasco (1895 - 1940), nacido en Osa de la Vega (Cuenca) el 30 de mayo de 1895, era hijo de Esperanza y María. Fue el mayor de tres hermanos: Luciano, Gabino y Jacinto. Se trasladó a Madrid siendo joven, alrededor de 1914, junto con su familia, donde se estableció como albañil en el municipio de Carabanchel Bajo. Estaba casado con Teresa de Blas Vega, con quien tuvo cinco hijos: María, Teresa, Josefa, Esperanza y Pedro.
Se afilió a la UGT en 1929 y al Partido Socialista en 1932, como sus dos hermanos, con los que compartió vida, ideología y destino. Durante la Guerra Civil, Luciano y Gabino llevaron a sus familias a Vall D’Uxó (Castellón), para ponerlas a salvo, ya que sabían que estaban señalados.
Tras el fin del conflicto, fue detenido por la Guardia Civil el 2 de septiembre de 1939 en Carabanchel Bajo, tras denuncias de 8 vecinos. Fue sometido a un procedimiento sumarísimo de urgencia (junto a sus dos hermanos, ya que las denuncias fueron conjuntas a los tres), pasando por las prisiones de Yeserías, San Lorenzo y Comendadoras.
A pesar de las acusaciones recogidas en las denuncias de 8 vecinos (sin testigos, pruebas o fechas de los hechos denunciados)—que él negó sistemáticamente, afirmando que su labor durante la Guerra Civil fue de guardia y abastecimiento—, el tribunal ignoró las pruebas de descargo. Entre estas pruebas figuraba un documento firmado por cuarenta vecinos que avalaban su "conducta inmejorable" durante 16 años y el testimonio de Francisco San Juan, quien afirmó que Luciano le salvó la vida al evitar que otros milicianos lo sacaran de su casa en 1936. El tribunal no solo desestimó estos avales, sino que propuso procesar a los firmantes por defender al acusado.
El 25 de junio de 1940, el Consejo de Guerra lo condenó a la pena de muerte por el delito de "adhesión a la rebelión". La sentencia fue ratificada por la Auditoría de Guerra el 12 de julio y por la Capitanía General el 30 de agosto de 1940. Desde ese momento estuvo en la cárcel de Comendadoras, hasta que fue fusilado a las 6:20 horas del 26 de septiembre de 1940 en las tapias del Cementerio del Este (actual Almudena). Tenía 45 años. Su cuerpo fue inhumado en una sepultura de caridad (manzana 97, letra a, fila 9, cuerpo 11). Su familia fue a visitarle a la cárcel de Comendadoras el mismo día de su fusilamiento. Entraron sus dos hijos menores, Esperanza y Pedro, de 7 y 2 años respectivamente, les consolaron los presos compañeros de Luciano. No obtuvieron ninguna información más. Su hija mayor tenía 20 años, su hijo menor 2 años.
Su hermano Gabino Castellano Carrasco fue fusilado el 21 de febrero de 1941 en Alcalá de Henares, un día después de su cumpleaños. Jacinto Castellano Carrasco fue condenado a 30 años y 1 día de prisión, siendo el único que logró sobrevivir.
La represión contra Luciano no terminó con su muerte. En 1944, el Tribunal de Responsabilidades Políticas continuó investigando sus bienes. Los informes policiales de la época describieron una situación desoladora: tras su muerte fueron despojados de su casa (que estaba en pie y habitable), su viuda y sus cinco hijos vivían en un solar próximo al Puente de Toledo, "viviendo todos en la miseria, careciendo de lo más indispensable para vivir". María, su hija, estaba embarazada de 6 meses de mi padre. Llevaba casi 4 años intentando conseguir el certificado de defunción de su padre para poder casarse…nunca lo consiguió. Fue madre soltera en noviembre de 1944.
Luciano Castellano Carrasco fue muchas cosas a lo largo de su vida y después de ella. Fue invisible durante 86 años, los que transcurrieron desde que fue detenido el 2 de septiembre de 1939 y fusilado el 26 de septiembre de 1940. Sólo pervivió su nombre, con muchas preguntas y ninguna respuesta, transmitido de sus hijos a sus nietos y a su vez a sus bisnietos. Hoy por fin, sabemos que Luciano fue hijo, hermano, marido, padre, vecino y amigo durante su vida y abuelo, bisabuelo, tatarabuelo mucho después de su muerte. Su nombre y el vacío que dejó en su familia me ha acompañado a lo largo de toda mi vida, a través de mi abuela María, su hija mayor, que tenía 20 años cuando perdió a su querido padre. Hoy puedo escribir su historia, que también es la mía y dar respuesta a las preguntas que se hizo durante toda su vida, mientras que luchaban para poder seguir adelante, aunque tenían todo en contra. Se llamaba Luciano Castellano Carrasco y es mi bisabuelo. Su memoria sigue viva en mi.
Olga Montero Martín (Bisnieta de Luciano Castellano Carrasco)
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