jueves, 19 de marzo de 2026

PEDRO VENTURA ZAMBRANO (08-06-40)

En Fuente del Maestre (Badajoz), un 1 de enero de 1910, nació Pedro Ventura Zambrano, hijo de Juan Ventura López y Lorenza Zambrano Vázquez. Era uno de los seis hijos del matrimonio, una familia numerosa como tantas en la Extremadura rural de principios del siglo XX. Creció junto a sus cinco hermanos en un hogar humilde, donde la convivencia, el esfuerzo compartido y la solidaridad cotidiana formaban parte natural de la vida familiar. 

En una tierra de campesinos, el trabajo duro marcaba el ritmo de la vida. Desde joven aprendió a ganarse el pan con sus manos, a respetar la tierra y a convivir con la austeridad y la dignidad que caracterizaban a tantas familias extremeñas de la época. 

Pedro era un muchacho despierto, capaz de leer y escribir en un tiempo en que no todos podían hacerlo. Como tantos jóvenes de su generación, vivió de cerca las tensiones sociales y políticas que recorrían España en los años treinta. En 1933 se afilió a la UGT, una decisión que reflejaba su deseo de justicia social y su identificación con las aspiraciones de mejora de los trabajadores. 

Cuando estalló la Guerra Civil, Pedro tomó una decisión que marcaría su destino: se incorporó voluntariamente al Ejército de la República el 30 de agosto de 1936. No lo hizo por obligación, sino por convicción. Creía en la legalidad republicana y en la defensa de un país que intentaba avanzar hacia un futuro más justo. Su compromiso y su capacidad lo llevaron a ascender primero a sargento y después a teniente en la 91.ª Brigada Mixta, donde sirvió en varios batallones. 

La guerra fue larga, dura y devastadora. Cuando el conflicto terminó y el nuevo régimen emprendió la represión contra quienes habían servido a la República, Pedro fue detenido. Comenzó entonces un camino oscuro, marcado por tres procedimientos sumarísimos, sin garantías, sin defensa real y sin pruebas sólidas. Los informes que se usaron contra él procedían de autoridades franquistas locales, de Falange y de la Guardia Civil, y estaban cargados de acusaciones políticas, rumores y suposiciones. Pedro negó siempre haber cometido delitos y varios testigos declararon a su favor, pero nada de eso pesó en un sistema judicial diseñado para castigar, no para juzgar. 

El 24 de noviembre de 1939, un Consejo de Guerra lo condenó a muerte por “adhesión a la rebelión”, una acusación paradójica: se le acusaba de rebelarse contra quienes, en realidad, se habían levantado contra el gobierno legítimo al que él había servido. La sentencia fue ratificada en marzo de 1940. 

El 8 de junio de 1940 a las 5:30 h., con apenas 30 años, Pedro Ventura Zambrano fue fusilado en Madrid. Su muerte quedó inscrita en el Registro Civil de su pueblo, pero durante décadas su historia permaneció silenciada, como la de tantos hombres y mujeres que fueron víctimas de la represión franquista. 

Hoy, gracias a la recuperación de su expediente, su memoria vuelve a ocupar el lugar que merece. Pedro no fue solo un nombre en un documento militar: fue un hijo, un hermano, un joven campesino que creyó en un ideal y que pagó con su vida por mantenerse fiel a él. Su historia forma parte de la memoria democrática de España, pero sobre todo forma parte de la memoria familiar, de ese legado íntimo que se transmite de generación en generación para que la dignidad no se pierda. Recordarlo es un acto de justicia. Es devolverle la voz que le fue arrebatada. Es afirmar que su vida tuvo sentido, que su compromiso no fue en vano y que su nombre seguirá vivo en la historia de su familia. 

Pedro Ventura Santiago

No hay comentarios: