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jueves, 27 de junio de 2024

JOAQUINA RODRÍGUEZ DEL AMO (27-06-40)

 

Joaquina Rodríguez del Amo (Álbum familiar)


Nació en Madrid el 14 de agosto de 1918.Sus padres, Joaquina y Francisco, tuvieron diez hijos pero tres de ellos murieron de muy pequeños. De los siete que llegaron a adultos cinco eran chicos y dos chicas. Como había muy poco dinero y muchas bocas que alimentar, a tres de ellos,Joaquina, Rafael y Angelita, se los llevó su tía Anita, hermana de su madre, que los crió junto con su marido Manuel como a sus propios hijos.

Joaquina era una chica muy alegre, inteligente, bondadosa y guapa. Estaba afiliada a la UGT.

En enero de 1937 entró de Enfermera Auxiliar en el Hospital n° 14 de Madrid, que estaba al lado del edificio de Telefónica. Este hospital estaba destinado a prisioneros de guerra. Joaquina realizó allí una labor encomiable y, prueba de ello, fueron los avales que muchos de los soldados a los que ella había cuidado escribieron a su favor, explicando que de no ser por sus extraordinarios cuidados y su buen trato no habrían sobrevivido. Pero no se tuvieron en cuenta en el "juicio" los numerosos avales presentados por ella y el resto de encausados.

Fué condenada a muerte y fusilada junto a las tapias del Cementerio del Este, el 27 de junio de 1940 a la edad de 21años. Con ella fueron fusiladas otras dos enfermeras, médicos y personal sanitario hasta alcanzar la cifra de siete personas de esa misma saca. Su "delito" fue salvar vidas humanas.


Pidió que no le vendasen los ojos y que no le dispararan a la cara para que su tía la pudiera reconocer.

Ojalá que el recuerdo de estas vidas (en su mayoría jóvenes) tan injustamente arrebatadas, quede para siempre.


Ángela y Paloma Calopa Rodríguez (sobrinas)


Transcripción de la carta de capilla de Joaquina (Álbum familiar)


Poema en capilla de Joaquina a sus tíos (Álbum familiar)



jueves, 28 de diciembre de 2017

TERESA TRULLENQUE MARTÍN (28-12-1940)


Teresa Trullenque Martín, natural de Alfajarín (Zaragoza). Tenía 36 años cuando la sacaron de la prisión de las Ventas para ser fusilada en la madrugada del 28 de diciembre de 1940 junto a las tapias del Cementerio del Este de Madrid. El 18 de diciembre del año anterior habían fusilado a su marido, Francisco Forjas Palacio. Tenían tres hijos y, al poco de ser encarcelada junto a su bebé el 18 de septiembre de 1939, sufrió su muerte. Dalia Forjas Trullenque, de tan solo un año y medio de edad, falleció el 9 de octubre de bronconeumonía por las terribles condiciones carcelarias.

Fuentes: "Mujeres encarceladas. La prisión de las Ventas: de la República al franquismo, 1931-1941" Fernado Hernández Holgado. Certificado de defunción (AGMI)


CUIDAD DE MIS NIÑAS

Esta carta salió de la madrileña cárcel de Las Ventas escondida en una maceta. Su autora fue fusilada pocas horas después de escribirla. Una de sus hijas, Dalia Forjas Trullenque, de 16 meses de edad, había muerto poco antes en la prisión. El marido de Teresa, Francisco Forjas, miembro de la ejecutiva socialista del Puente de Toledo, había sido fusilado en 1939. «Contadle al mundo lo que me está pasando, que me están matando a palos», había escrito Francisco en una misiva que llego a su familia. Su hermano Alberto y un hermano de Teresa, Luis Trullenque, también murieron en el paredón. Todos eran socialistas madrileños. Pero Teresa confía a la Virgen la suerte de sus hijas huérfanas. La carta nos fue enviada por una de ellas, Teresa. «Teniamos 5 y 7 anos cuando murió mi madre», nos decía en la carta que acompañaba a este texto. «La obligaron a confesarse para que se pudiera despedir de nosotros. Ahora que todo se puede contar, tendré la alegría de que la gente sepa el dolor con que mi madre se fue de este mundo».


Las Ventas, 28 de diciembre de 1940.

"En capilla, a la una de madrugada, es la ultima carta que os escribo, queridas hermanas Concha y Paca. Mis hijas se quedan huérfanas. No os pido más que las miréis como si fueran vuestras hijas. Muero inocente y con la conciencia muy tranquila. Dad muchos besos a mis queridas niñas que las llevo clavadas en el corazón y lo mismo a las vuestras y a la abuela. Siento mucho todo lo que os habéis molestado, que ha sido inútil. Ese señor ha servido mal, pero, en fin, que le vamos a hacer, paciencia. Os pido que llevéis a mis niñas por buen camino, que sean buenas, que salgan dos mujeres honradas como su madre, que nunca nadie ha tenido que decir nada de mi y que pidan mucho a la Virgen.Muchos besos para sobrinas y para la abuela y para Vidal. Dejo de madre de mis hijas a la Virgen Santísima, que ella las protegerá y defenderá de todos los peligros. Muchos besos. Hasta la eternidad."
Teresa Trullenque Martín

"Los años difíciles". Edit. Aguilar






martes, 14 de febrero de 2017

JULIA LÁZARO ECHEVERRÍA (24-08-40)


Muere a la edad de 24 años. Sastra de oficio. Fue detenida en 23/09/1939 y fusilada en el Cementerio del Este el 24 de agosto de 1940.
La historia de Julia Lázaro parece inspirar alguno de los pasajes de la novela “Desde la Noche y la Niebla” de Juana Doña. Puede que parte de los datos estén ficcionados pero representan casos-tipo vividos por muchas de las mujeres detenidas, torturadas, violadas, condenadas a muerte o penas de todo tipo.
Fernando Hernández Holgado en su libro “Mujeres encarceladas: la prisión de Ventas, de la República al franquismo extracta párrafos del pasaje dedicado a Julia:
“Hacía unos días habían detenido a Julia Lázaro, tenía 20 años; a los 2 meses de estar condenada a muerte se dió cuenta de que había quedado embarazada de sus violadores. Esperaron a que diese a luz y a los 15 días la fusilaron”. Julia tenía en la prisión una hermana que no quiso hacerse cargo de “aquello”, le daba horror. El niño fue llevado a una Inclusa, los hospicios se estaban nutriendo en esto meses de criaturas que nunca sabrían que eran hijos de la tortura y el repudio”. Doña, 1978, p. 159.
Con algunas alteraciones y mayor profusión de detalles, Juana Doña un tiempo después amplía este pasaje:
“A Julia y María Lázaro las detienen por que son de izquierdas. A María la llevaron enseguida a la Cárcel (Ventas) pero a Julia la dejaron en gobernación nueve o diez días. Allí la violaron nueve policías, nueve indeseables, nueve indecentes. Viene en un estado lamentable e inmediatamente la llevan a juicio y la condenan a muerte. A los tres mese, mientras espera la ejecución, se da cuenta de que está embarazada. No sabe de quién de los nueve y entonces se lo dice a su hermana: <> Y María le dice: <> (…)”
En esta versión Doña menciona que una funcionaria de infausta memoria entre las reclusas supervivientes, María Topete, ya tenía apalabrado con la dirección de la Cárcel que  cuando Julia diera a luz le entregaran el niña a ella.
“(…) Después que fusilaran a su hermana María se volvía loca de no haberle reclamado (al niño). Yo no se si el niño se lo quedó La Topete, pero desde luego a María no se lo dieron. Mientras estuvieron en la cárcel no le devolvieron al niño”.
Fernández Holgado cuenta en su libro que el expediente de Julia se conserva en el archivo de Las Ventas: Soltera, de profesión Sastra, ingresó el 23 de septiembre de 1939, con 23 años y estaba embarazada. El 7 de junio de 1940 nació un niño al que pondría de nombre “Juan Emilio Lázaro”. Fue ejecutada el 24 de agosto de ese mismo año. Dato contrastado con el archivo del cementerio del Este. El hecho de que el niño recibiera el apellido materno pudiera apuntalar la hipótesis de la violación señalada por la novela de Doña. En cuanto a la práctica de niños robados incluso con mujeres reclusas y condenadas a muerte fue lamentablemente un hecho repetido en otras ocasiones.
FUENTE: “Mujeres encarceladas: la prisión de Ventas, de la República al franquismo”. Fernando Hernández Holgado

Publicado en: PARQUE DE LA MEMORIA



miércoles, 27 de enero de 2016

CLARA DE PABLO GARRIDO (07-12-40)

(Fotos cedidas por la familia)

Clara De Pablo Garrido nació en Madrid, en el entonces distrito de Buenavista, el 25 de noviembre de 1918. Conocida como "La Clarita", era estampadora de profesión. Fue detenida el 29 de abril de 1939 y, más tarde, conducida a la prisión de Ventas. Es fusilada en la tapia del Cementerio del Este el 7 de diciembre de 1940.


En el trabajo memorialista "Cárcel de Ventas", Mercedes Núñez cuenta:
"Muchas compañeras han dejado la vida ante los pelotones de ejecución: Cayó Clarita de Pablo, que parecía salida del pincel de Romero de Torres y que acababa de cumplir 20 años."

domingo, 25 de diciembre de 2011

REGINA GARCÍA LÓPEZ (22-05-1942)

“A los 9 años perdió los brazos en el aserradero de su padre, fue artista en medio mundo mostrando sus habilidades con los pies y murió de miseria en la posguerra, internada por loca, después de haber sido encarcelada por la República y por el franquismo. Regina García López, (Valtravieso, 1898 - Madrid, 1942) La Asturianita regresa a la actualidad gracias a la biografía «Regina, el coraje de una mujer» (Madú Ediciones) escrita por el periodista valdesano Luis González Fernández después de seis años de trabajo de investigación documental, recogida de testimonios y escritura.
Las poleas de la sierra echaron a andar, envolvieron los brazos de Regina y los arrancaron a la altura de los hombros. La niña fue operada durante horas, anestesiada con cloroformo. Aquel día de agosto de 1907, Regina, de 9 años, se había endomingado para ir con su padre al aserradero de El Fornel, donde la familia tenía depositadas sus esperanzas de prosperidad para los ocho hijos. Años más tarde, el aserradero se quemó y el padre, Celestino, tuvo que emigrar a Argentina, pero el problema de 1907 fue que su segunda hija se convirtió en «manquina» y melancólica.

José García Fernández, «El Pachorro», un indiano con posesiones en la provincia argentina de Tucumán, pagó la educación de Regina en el Colegio del Asilo de Luarca, junto a 400 críos más. Quiso adoptarla y llevarla a América, pero sus padres no aceptaron y trajo de Alemania a un especialista para que le implantara unos brazos mecánicos, sin éxito.
Regina, preocupada por su futuro, se empeñó en su presente aprovechando cada enseñanza. A los 17 años manifestó dos preocupaciones, la igualdad de las mujeres y la educación de los niños, y una ambición: estudiar Magisterio. Las familias ricas de Luarca a las que acudió para que le pagaran los estudios le dijeron que se quedara en el asilo, insensibles a que lo que ella más temía era ver pasar los años rodeada de ancianos y enfermos. Un circo italiano de paso por Luarca le dio la solución. Vio un mono que divertía al público comiendo y lanzando avellanas con las patas traseras y decidió ser artista. Su madre la desanimó, pero ella empezó a ejercitar los pies y en unos meses escribía, cosía y bordaba con ellos.
El estío de 1918 trajo de nuevo al indiano a Valdés, que vio los avances de Regina y participó de su nacimiento para el arte llevándola al Gijón que rivalizaba en veraneos con San Sebastián, a una fiesta en honor a la infanta María Isabel. La Asturianita empezó a animar los festivales benéficos y los teatros de las villas de Asturias. En el Jovellanos, con la compañía del circo Evans, supo lo que era compartir cartel con la cupletista Raquel Meller.

La misma personalidad fuerte que la llevó a entrenar sus pies le hizo expresar sus ideas con vehemencia. Cuando se enteró de que el párroco de su pueblo quería cobrar ocho pesetas a una familia paupérrima por oficiar el entierro de su hijo de un año le dedicó una poesía satírica que acabó con el propio obispo de Oviedo reprendiéndola.
Nada paraba a La Asturianita. De gira en Badajoz conoció a Juan Dámaso Cisneros, empleado de Correos, y, después de un corto noviazgo, se casó con él en Santiago de Arriba, parroquia a la que pertenece Valtravieso. Tenía 25 años. Cisneros, con el que tuvo tres hijos (María, Marcelino y Juan) antes de que se divorciaran en 1929, fue su representante en los años en que comenzaron sus giras por el extranjero. «La maravillosa artista sin brazos. No los tiene ni los necesita», conduciendo con los pies un vehículo de gran cilindrada, anunciaba por las ciudades de Turquía, Palestina, Egipto, Uruguay, Brasil, Argentina, Venezuela, Cuba, Puerto Rico y Estados Unidos un espectáculo en el que liaba pitillos y los encendía, realizaba caricaturas del público, descorchaba botellas y las servía, tocaba piano, violín, acordeón y xilofón, y cazaba con escopeta una moneda puesta sobre el bocal de una botella.
Luis González Fernández escribe que recorrió 40 países antes de que en 1935, con sus buenos cuartos ahorrados, decidiera regresar a Luarca y dedicarse a tareas filantrópicas que materializaran sus ideas de justicia social.

En 1936 inició su proyecto «Selección» para escolarizar a todos los niños y niñas con capacidades hasta donde llegaran evitando que buenas cabezas se perdieran en lejanas aldeas. En la primavera de 1936 dio discursos -a veces con pequeñas actuaciones- para mover conciencias y aligerar bolsillos. Lo hizo con su convicción habitual. El semanario luarqués La Democracia la acusó de querer una enseñanza sin Dios, lo que ella negó.
Para recaudar fondos a beneficio de los niños de Luarca consiguió un contrato en el teatro de la Zarzuela y viajó a Madrid el 13 de junio de 1936, un día después del asesinato del progresista teniente Castillo y la misma jornada del asesinato de diputado derechista José Calvo Sotelo. Cinco días después, con Regina alojada en la pensión Bellas Artes de la calle Alcalá, comenzó la Guerra Civil y el principio de su largo, absurdo y miserable fin como espía y loca para la República y el franquismo.

La Asturianita actuó varias veces en el Madrid de la guerra donde ni quiso estarse quieta ni supo estar callada. Como se desenvolvía con labia e influencias y, según su biógrafo Luis González Fernández, tenía una necesidad patológica de notoriedad, intervino para excarcelar a parientes de la pensión, lo que la llevó ante Ángel Pedrero, hoy recordado como antiguo jefe de una checa (prisión parapolicial) y responsable del servicio de inteligencia de la República. Pedrero le propuso ser espía en Francia, lo que ella rechazó. El jefe del espionaje la mandó detener y encarcelar, aislada, en la prisión de Ventas el 4 de abril de 1937. En los cinco años que le quedaban de vida sólo tendría unos días de libertad. El resto lo vivió entre prisiones, juzgados y manicomios. Aunque confesó, en ocasiones, que se había hecho la loca para salir de la prisión, es difícil saber, en cada momento, cuánto estaba afectada su conducta por la valentía, la imprudencia o una mala salud mental.

Cuando Madrid pasó a manos de los franquistas, Regina, como represaliada de la República, quedó inmediatamente en libertad. Por poco tiempo.

La anécdota de una tarde de cine explica bien al personaje. Al terminar la película, a los acordes del himno nacional, todos los espectadores se pusieron en pie e hicieron el saludo franquista. Un joven se acercó a la artista, que iba cubierta con un abrigo capa, y le exigió que levantase el brazo porque «estamos en la España de Franco». Ella respondió: «Pues yo no levanto el brazo ni ante el mismísimo Franco, aunque me maten». El falangista la quiso llevar detenida, ella aclaró el malentendido y algunas personas intercedieron para poner sentido común en la estúpida situación.
Regina gastaba ese tipo de humor en sus espectáculos y en la vida. No entendió que la situación no estaba para bromas, como tampoco cuando, en el Madrid asediado, decía ante cualquiera que era amiga de Azaña o del obispo de Málaga o que tenía el carné número uno del Socorro Rojo Internacional.

Poco después del incidente del cine empezó a recibir visitas de agentes del nuevo régimen que le propusieron colaborar en la represión y, sea porque se negó o por una denuncia, la detuvieron de nuevo, la interrogaron en la Dirección General de Seguridad y la volvieron a encarcelar en Ventas, un edificio atestado donde se vivía el miedo a las sacas, se oían los fusilamientos en los paredones del cementerio del Este, había hacinamiento, hambre e insalubridad. Allí, enferma de fiebres y desequilibrada, rompía el sueño de las demás reclusas cantando asturianadas por las noches.

Por los fragmentos que recoge González Fernández, el juicio a La Asturianita revuelve las tripas. Su defensor la conoció a la puerta de la sala de juicios; la Guardia Civil la presentó como creadora de una «vasta organización internacional, calificada por ella como Selección, de corte masón»; la Policía militar en 1939 la certificó como afecta al glorioso Movimiento Nacional, no faltó el «al parecer se trata de una persona bastante peligrosa» sin especificar el parecer de quién y la Guardia Civil de Luarca la calificó como «persona de actividades izquierdistas y muy propagandista del comunismo, peligrosa para la causa ya que por su cultura se desenvuelve con mayor facilidad, huyó a campo enemigo no habiendo cometido desmanes por hallarse inútil de los brazos». Un gañán compareció brazo en alto y al grito de «acuso a Regina de haberme delatado» con tales modos que el presidente de la sala lo expulsó. El informe psiquiátrico le diagnosticó «parafrenia sistemática» (el de la República, la evaluó como «enferma mental paranoica con delirio reivindicador»). Aunque Regina se enfrentaba a una petición fiscal de «reclusión perpetua a muerte» no hubo en sus deposiciones miedo ni culpa sino desenvoltura confiada.
La sentencia del 3 de marzo de 1942 la absolvió «aunque deberá permanecer internada en un establecimiento psiquiátrico a disposición de la autoridad judicial militar». De vuelta a la sala de enfermas de la cárcel de Ventas, las compañeras le organizaron una pequeña fiesta en la que aparecieron una bolsa de fruta y algunas pastas, hubo cantos y risas, y se cerró con un «viva Asturias» cuando la enfermera ordenó silencio.

A Regina la mató en tres días «el piojo verde», un azote de la posguerra. Ingresó muy grave en la sala de infecciosos del Hospital del Rey y le diagnosticaron tifus exantemático, la enfermedad del frío, del cansancio, de la suciedad en campamentos, cuarteles y cárceles. Murió el 22 de mayo de 1942, con 44 años, acompañada por María, su hija adolescente, y por su cuñada Josefa.
En este enlace se puede acceder al trabajo previo que sobre Regina García López realizó M. Teresa Bertelloni “Maresa”, catedrática de literatura comparada en la Universidad de Puerto Rico, a un audio de una entrevista con ella antes de su fallecimiento y diversas fotografías de La Asturianita.

martes, 11 de agosto de 2009

PILAR BUENO IBAÑEZ (05-08-1939)


27 años. Modista. Al poco de iniciada la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en una de las numerosas casas cunas abiertas para recoger a los niños huérfanos y atender a los hijos de los milicianos que iban al frente. Fue elegida para formarse como dirigente en la Escuela de Cuadros del partido y nombrada secretaria de organización del Radio Norte. Al acabar la guerra fue contactada por Federico Bascuñana para colaborar en la reorganización de los comunistas y encargada de crear ocho sectores en la capital: Norte, Sur, Este, Oeste, Chamartín de la Rosa, Guindalera, Prosperidad y Vallecas.